miércoles, 21 de enero de 2004

Imitadores

Quizá conozcan la anécdota de Charles Chaplin. El cómico se presentó a un concurso para descubrir al mejor imitador de Charlot y lo eliminaron. Ahora leo que le ocurrió lo mismo a Bernard Shaw. Una revista londinense organizó un concurso de “artículos a imitación de Shaw”. El escritor envió un par de relatos de juventud y perdió el concurso, aunque se llevó uno de los accesit.

Al leer las dos anécdotas uno puede pensar que los concursos no valen tanto. Si los jurados no son capaces de dar con algo tan sencillo, ¿por qué creemos a ciegas que van a elegir el mejor novelista o la mejor película?

También me plantea otra cuestión, quizá los imitadores son más auténticos que los originales. ¿Por qué no? Puede que el ganador fuera más Charlot que Chaplin, o el escritor más saviano que Shaw. Cuando leía “Soldados de Salamina” me parecía estar leyendo a Borges. Es posible que Borges no hubiera sido capaz de una falsificación de su estilo tan buena.

Premiar a los imitadores, pienso al fin, me parece más democrático, porque hay muchos, y originales sólo uno.

Borges. Pierre Menard, autor del Quijote.
Noel Claraso. Antología de anécdotas.

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